Quiénes somos
Me llamo AnnaLisa Iacomelli y en 2018 mi vida se volvió del revés.
Acababa de sufrir la pérdida de uno de mis dos gatos, que me había acompañado durante nueve años. Aunque los gatos siempre han formado parte de mi vida desde pequeña, con ellos viví una relación muy intensa.
Perdido él, no quería ni imaginar la idea de coger otro animal solo para intentar llenar el vacío que había dejado, y sobre todo tenía clara una sola cosa: si alguna vez decidía volver a probar un amor similar, sería sin duda otro gato. Pero el destino quiso que encontrara a una amiga que me puso en contacto con una asociación que se dedica a hacer adoptar galgos españoles rescatados, y así en mayo todo comenzó.
Se eligió para nosotros una adorable galga negra que fue rescatada mientras vagaba mendigando comida y a la que dimos el nombre de “Mati”. Me enamoré a primera vista, tanto pensando en su pasado, como observando en su cuerpo las señales de una existencia sufrida y dolorosa, así como los miedos que con el tiempo se han ido disipando haciendo florecer su maravilloso carácter.
Pero no es todo: este primer encuentro, esta toma de conciencia de una terrible realidad que golpea a seres tan inocentes, me hizo comprender que hay una solución y que yo podía contribuir. Así que después de seis meses llegó también Floki, que se convirtió enseguida en el hermano mayor de Mati, rompiendo la soledad que, inevitablemente, se había creado tras la repentina desaparición de la otra gatita. Y finalmente Orion, llegado en 2023, abandonado casi de cachorro, probablemente no apto para la caza. Entró de inmediato a formar parte de la familia convirtiéndose en el hijo mimado, algo que después de todo esto es más que merecido.
Mi marido y yo nos esforzamos al máximo por garantizarles, sin ninguna preferencia, el amor visceral más intenso y sincero que somos capaces de dar.
Fue gracias a Mati, la musa inspiradora, y al deseo de dar su nombre al logo, que nació MATI LEVRIERI.
Así decidí empezar a producir mis propios collares y poder así diseñarlos y realizarlos a mi manera según mis necesidades y respetando escrupulosamente mi ética laboral. Así que busqué y encontré al artesano al que le propuse el proyecto e iniciamos la investigación sobre materiales, la eficiencia del producto y también el diseño de múltiples diseños y colores diferentes. El collar de galgo, vista la conformación de su cuello, debe tener una forma similar cilíndrica de modo que, distribuyéndose sobre una superficie mayor del cuello, impida tanto la sensación de ahogamiento que un collar normal provocaría a un galgo, como confiere una mayor seguridad frente al riesgo de deslizamiento por parte del propio perro.
Todo ello está contenido en los collares que he creado tras varias investigaciones y numerosos prototipos, recogiendo todo en un amplio catálogo de maravillosos diseños para satisfacer cualquier elección estilística.
La piel, al ser de primera calidad, permite con el tiempo una adaptación natural al cuello del galgo que lleva a un mayor confort de nuestros y de vuestros queridos galgos.